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Cuando el propio territorio deviene arquitectura

2 febrero 2021

Si en el pasado la arquitectura simbolizaba la lucha del ser humano por superar los límites estructurales y tecnológicos impuestos por el medioambiente, hoy se asiste a una fuerte contratendencia: los edificios se ocultan, revelando solo su estrecha conexión con la naturaleza.

 


El rascacielos Burj Khalifa de Dubái, cuya aguja alcanza la increíble altura de 829,80 metros, ocupa la primera posición como edificio más alto del mundo.

 

Están ahí aunque no se vean. Y, en materia de arquitectura, esta invisibilidad, definida como objetivo principal del proyecto, podría parecer una paradoja. De hecho, la arquitectura se ha planteado desde la antigüedad como una herramienta de transformación del territorio, para acomodar las actividades del ser humano, tanto familiares como sociales, bajo el abrigo de un techo y la envoltura de unos muros.

 

Con el paso del tiempo, a la necesidad primaria de refugio se suma la de transmitir información simbólica y significativa. Como consecuencia, las proporciones de las construcciones se han ido adaptando y sus características se han ido afinando para satisfacer necesidades expresivas específicas. 

 

No faltan, tampoco en la historia reciente, ejemplos de edificios diseñados para desafiar los límites estructurales y tecnológicos impuestos por el medioambiente. Es inevitable no pensar en el Burj Khalifa, el rascacielos de SOM cuya aguja alcanza los 829,80 metros, convirtiéndose en el edificio más alto de Dubái y del mundo.

 


El proyecto de la bodega Antinori, diseñada por Archea Associati e inaugurada en 2012, es un ejemplo de la integración de la arquitectura en el territorio. © Foto: Nora Santonastaso / design outfit

 

Para descubrir las obras arquitectónicas que desarrollan un concepto de contratendencia con respecto al pasado y al rascacielos de Dubái, partimos de un edificio insólito enclavado en la campiña toscana, más concretamente, en el territorio del Chianti Clásico. 

 

Visitamos a los Marqueses Antinori, que se dedican a la producción de vino desde hace veintiséis generaciones. Fue en 1385 cuando Giovanni di Pietro Antinori se unió al Arte Fiorentina dei Vinattieri, el gremio de productores de vino de la ciudad.

 

El 25 de octubre de 2012 se inauguró con una gran fiesta la nueva bodega, un proyecto realizado por Archea Associati. El edificio, que parece esconderse parcialmente en la sutil ladera que lo rodea, está construido en varios niveles, cubriendo un área de 39.700 metros cuadrados. 

 

Las visitas a la bodega suelen comenzar en el subsuelo. En el recorrido ascendente hasta la cubierta del edificio, mediado por el volumen simbólico de una  gran escalera helicoidal, se percibe la perfecta integración entre lo construido y el territorio. Los contornos de la construcción se extienden formando líneas irregulares, que reinterpretan las curvas de nivel y las áreas verdes para definir un conjunto único de apariencia ininterrumpida.

 

Visto desde arriba, el espacio arquitectónico desaparece literalmente, a pesar de estar construido y bien articulado para sus diversas funciones desde el punto de vista arquitectónico.

 


The Plus, un edificio diseñado por Bjarke Ingels, albergará la nueva planta de producción de Vestre en pleno bosque noruego. © Render: Bjarke Ingels Group (BIG)


Oculta en los densos bosques noruegos, está a punto de edificarse una fábrica que hace de la ecosostenibilidad su hilo conductor en todos los sentidos. Se llama The Plus y, una vez concluida, alojará la planta de producción de Vestre, líder en el sector de la fabricación de muebles con materiales reciclables y de bajo impacto ambiental.

 

El proyecto del edificio lleva la firma de Bjarke Ingels, que asumió el reto de traducir los valores fundamentales de la empresa al lenguaje arquitectónico, eliminando,  visualmente y de modo concreto, los límites que nos hacen pensar en una fábrica como algo manifiestamente distinto del entorno natural. 

 

La brecha se superó interponiendo una serie de simples diafragmas transparentes que permiten que la naturaleza penetre literalmente en el edificio. 

 

Para construir muchos de los elementos estructurales se ha reutilizado la madera de los árboles talados con el fin de dar cabida a la nueva construcción, creando así un proceso virtuoso de reciclaje de kilómetro cero. 

 


El nuevo Museo del Arco Gateway de San Luis reúne los dos enfoques simbólicos de la arquitectura yuxtaponiendo un edificio hipogeo junto a una estructura muy alta y esbelta. © Foto: Nic Lehoux

 

El Museo del Arco Gateway, la emblemática obra monumental de San Luis diseñada por el arquitecto finlandés Eero Saarinen en 1947, ha reabierto recientemente al público  tras ser totalmente renovado. 

 

La esbelta estructura de hormigón de 192 metros de altura, símbolo de la superación de los límites que mencionábamos al inicio, se alza a modo de contraste, y casi de protección, sobre la invisible arquitectura hipogea diseñada por James Carpenter Design Associates para albergar la ampliación del museo.

 

La nueva entrada al espacio expositivo se sitúa en un nivel inferior con respecto a la extensa explanada verde del parque. Una larga pasarela, dimensionada para permitir el tránsito de personas con movilidad reducida, desempeña un importante papel complementario: delínea el contorno curvilíneo de la marquesina que protege la entrada al museo, ocultándolo a la vista del visitante más distraído.

Originalmente escrito por Nora Santonastaso

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