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Cuando el arquitecto es el propietario

26 octubre 2021

Probablemente una de las tareas de construcción más difíciles para un arquitecto es diseñar una casa para sí mismo. En cada número de nuestra newsletter le mostramos un ejemplo internacional exitoso de un arquitecto que ha asumido este particular reto.

Firman este bloque de viviendas, en Barcelona, los despachos de Thomas Lussi (Lussi + Partner AG) y Lola Domènech arquitecta. Propietarios cada uno de un apartamento, el edificio participa de la propia evolución arquitectónica de la ciudad.

Por Marta Rodríguez Bosch




El edificio proyectado por los despachos Lussi + Partner AG y Lola Domènech arquitecta ocupa una parcela de proporción alargada. © Foto: Adrià Goula

Los edificios comunitarios de viviendas con espacios compartidos son una de las vías hacia las que apunta nuestro hábitat en el futuro. Promociones lideradas por los propios habitantes, como alternativa al actual mercado inmobiliario, que propicien, además, relaciones más humanizadas. En el caso de los arquitectos Thomas Lussi y Lola Domènech, cada uno con despacho propio –autores de este proyecto- detentan la propiedad de un apartamento cada uno y han reunido a cuatro parejas de amigos en el inmueble. El proyecto se inició en la misma tarea de encontrar terreno. Es una parcela en el barrio del Poblenou, en Barcelona, con una proporción alargada y estrecha de 6 m de ancho por 30 m de largo.

El Poblenou -antigua zona industrial reconvertida en distrito tecnológico, campus universitario, repleto de pequeñas empresas creativas autónomas y hoy también vital barrio residencial- participa del trazado en cuadrícula establecido por el urbanista Ildefons Cerdà en el Ensanche barcelonés durante el siglo XIX. El nuevo bloque de Lussi y Domènech se insiere en un desarrollo típico de bloque perimetral en esa cuadrícula.


Un sistema de porticones practicables de madera modula la entrada de sol. © Foto: Adrià Goula

Cada vivienda ocupa una sola planta, con una superficie de 80 m2 y dos terrazas, una en la fachada a calle y la otra encarada a un patio comunitario en planta baja. Su disposición opuesta y el cerramiento de porticones de madera abatibles, con librillos de lamas articulables, forma parte de los criterios de diseño pasivo con lo que el proyecto aborda mejorar la eficiencia energética y reducir consumos. Además de garantizar una ventilación cruzada y modular la entrada de sol a las viviendas, conforma la fisonomía de las fachadas y su carácter dinámico. Y genera espacios singulares a medio camino entre el interior y el exterior con variedad de matices de luz y sombras.  

Con clasificación energética A,  la construcción se ha dotado de una buena envolvente de aislamiento térmico en fachadas y cubierta. Así mismo, todos los apartamentos están equipados con sistema de calefacción y refrigeración de suelo radiante integrado, alimentado por un sistema de energía renovable por aerotermia.


En la fachada longitudinal destaca la celosía cerámica que aporta luz natural a los accesos.

El bloque, adosado a otro y en equina, cuenta con una tercera fachada, la longitudinal, que linda con un pasaje: una de esas callejas estrechas que salpican la trama de la ciudad y seccionan manzanas cuadradas de Cerdà, generando pequeñas anomalías urbanas de carácter muy diverso. Una celosía cerámica define este muro, que aporta ventilación e iluminación natural a la zona de acceso común y caja de escaleras. Las zonas de día se encaran al patio comunitario que, junto a  la piscina en la azotea, se han diseñado como espacios de actividades y socialización para todos los habitantes del edificio. En la fachada a calle quedan los dormitorios, protegidos por el filtro de terrazas y cierres de madera.  En el interior de los apartamentos predomina el empleo de materiales en crudo como el hormigón realizado in situ, pavimentos de cemento, madera sin tratar o paredes acabadas con cal color antracita. Elecciones que persiguen crear un ambiente relajado que apele a todos los sentidos, a la percepción visual y táctil.


La zona de día queda encarada a un patio interior, con una terraza cubierta. © Foto: Adrià Goula

“El proyecto –explican los arquitectos- propone una relectura de materiales y sistemas constructivos, incorporándolos en un nuevo lenguaje arquitectónico. La combinación de madera, cerámica o cal le da al edificio la textura y la calidez deseadas”. Y apuntan que la obra busca la integración y coherencia con el contexto urbano, reconociendo el carácter industrial del barrio y utilizando materiales propios del Poblenou.


El patio, en planta baja, y la piscina en la azotea, son espacios comunitarios. © Foto: Adrià Goula

El nuevo bloque de Lussi y Domènech es también un digno testimonio de la evolución del barrio y de Barcelona. El destino ha querido que su fachada longitudinal quede alineada con el Pasaje de los Ciudadanos. Un nombre que procede de principios del siglo XX, cuando diferentes olas de inmigración llegaron a Cataluña, desde otros lugares de España, como mano de obra industrial y autoconstruyeron casitas bajas en descampados del barrio. Fue uno de esos nuevos vecinos -cansado de que no le llegaran las cartas que enviaban desde su pueblo de origen, pues la incipiente calle no tenía nombre- quien se personó en el Ayuntamiento de Barcelona y pidió le adjudicaran un nombre que el mismo escogió: Ciudadanos.

En su doble condición de arquitectos y propietarios, Thomas Lussi, con despacho principal en Lucerna y Lola Domènech, arquitecta y paisajista con estudio en Barcelona, han llevado a término un edificio de viviendas que encaja con sus propias necesidades. El local de la planta baja lo ocupa el despacho filial de Lussi en Barcelona.

lussipartner.ch
loladomenech.com


















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