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Reconvertir un antiguo recinto fabril en eco-isla urbana

22 noviembre 2022

En Barcelona, el futuro vecindario en los terrenos de la antigua fábrica Mercedes ejemplifica un urbanismo concienciado en combatir la emergencia climática.

 

Por Marta Rodríguez Bosch

 

El nuevo urbanismo de las ciudades ya apunta nítidamente a que será ecológico o no será. Con más de la mitad de la población del planeta viviendo en entornos urbanos -y se prevé en aumento- el conjunto de retos sociales que comporta, suplementado por un contexto de crisis medioambiental y climática, el encauzamiento es inequívoco. La Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas -que un gran número de países suscribió- recoge entre sus 17 objetivos y compromisos mejorar las ciudades y crear comunidades sostenibles. Para que estas sean inclusivas, seguras y resilientes, con la sostenibilidad como divisa.

 


La eco-isla Mercedes, proyecto del estudio de arquitectura y paisajismo Batlleiroig, ocupa uno de los pocos terrenos libres por edificar en Barcelona. © SBDA

 

En Barcelona, ya son muy pocos los terrenos disponibles para crear nuevos vecindarios. Su posición geográfica enmarcada por el mar Mediterráneo, la sierra de Collserola y los ríos Llobregat y Besòs hace de ella un territorio finito. Uno de esos pocos retales vacíos en desuso donde dar vida a un vecindario desde cero son los terrenos de la antigua fábrica Mercedes-Benz, muy próxima al río Besos, en los confines de la ciudad.  

 

Comenzará en breve su transformación para convertirse en una eco-isla urbana con más de nueve hectáreas de superficie, equivalente a unas siete manzanas del Ensanche de Cerdà. Sus autores, el despacho de arquitectura y paisajismo Batlleiroig, explica que está concebida para combatir la emergencia climática. Fundado en 1981 por los arquitectos Enric Batlle y Joan Roig, este despacho que cuenta con una solvente trayectoria en todo el cinturón barcelonés fusionando ciudad y naturaleza, dedica un tercio del terreno a zonas verdes en este proyecto y más de la mitad a espacios públicos. “El diseño de la Mercedes se ha hecho para lograr la mayor calidad de vida, permitiendo que sus ciudadanos vivan y trabajen en un entorno en que todo está a menos de 5 minutos”, señalan los arquitectos.  

 


La plaza Mercedes se concibe como espacio polivalente, permeable y biofílico, centro del nuevo barrio. © SBDA


Es un barrio planteado para ser de uso mixto, compacto e inclusivo, sin coches y estructurado por dos paseos verdes para peatones y bicicletas. Así mismo, apuesta por altos estándares de sostenibilidad en los edificios de nueva construcción y en el mantenimiento de los edificios industriales históricos. La eco-isla Mercedes mezcla usos residenciales y servicios con actividad económica ligada a la innovación y la industria 4.0. La inclusividad se quiere potenciar con un 40% de viviendas (del total de 1.300) de precio social. El resto será de precio libre. La naturaleza compacta del barrio favorecerá una movilidad sostenible. Se apuesta por un modelo de vivienda flexible y desjerarquizada con espacios exteriores habitables. La creación de espacios intermedios de encuentro, interiores o exteriores, entre el dominio privado y público, busca fomentar la vida en comunidad.


El proyecto reconoce el valor histórico y patrimonial del antiguo recinto de la fábrica Mercedes con un conjunto de edificaciones fruto de sucesivos proyectos (desde 1950 a 1970)  del arquitecto Robert Terradas. Una arquitectura racionalista de inspiración nórdica, testimonio del pasado fabril del barrio. Se reutilizarán diversos edificios como equipamientos culturales y educativos, y se complementará con nuevos. Todo organizado alrededor de la nave central existente, que conserva su estructura como cubierta de una gran plaza pública, destinada a ser el centro de la actividad del nuevo barrio. Allí también se sitúa el centro de producción de energía limpia. La Escuela Universitaria de Diseño e Ingeniería Elisava, fundada en 1962 en Barcelona, se instalará en el edificio de talleres y oficinas de los años 70.

 


Se mantendrán algunos edificios de corte racionalista de mediados del siglo XX, testimonio del pasado fabril del barrio. © Antonio Navarro Wijkmark

 

Para lograr una movilidad sostenible, al espacio público pacificado se suma una conexión perimetral eficiente a la red de metro y tren de cercanías. “Un esquema de circulaciones subterráneas con entradas desde las calles perimetrales, además de distribuir los vehículos hacia los aparcamientos, podrá acoger también espacios logísticos de distribución de última milla, operaciones de carga y descarga para los comercios del barrio y espacios para recarga de vehículos eléctricos y compartidos” detallan los autores. El conjunto tenderá hacia la autosuficiencia y las emisiones de carbono neutras mediante la comunidad energética a la que se conectarán todos los edificios.

 


Nace como un vecindario sin coches, estructurado por dos paseos verdes para peatones y bicicletas que actúa de nexo entre dos barrios históricos bien distintos. © SBDA


Al mismo tiempo, la propuesta urbanística pretende conectar zonas que siempre han permanecido aisladas, pese a su proximidad, cohesionando tejidos urbanos, sociales y económicos muy diversos. “El antiguo recinto industrial tapona las conexiones entre núcleos residenciales. La propuesta lo convierte en el punto de cruce de dos nuevos ejes urbanos”, resaltan desde Batlleiroig. De este modo, la nueva eco-isla Mercedes entrelazará el centro histórico del barrio de Sant Andreu con el marginal barrio del Bon Pastor. Y el futuro parque del Rec Comtal con el parque del río Besòs, en el eje este oeste.

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